Visión general de la historia vegabajeña, por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Sinopsis

Todos podemos tener nuestra visión individual de lo que es o debe ser la historia Vegabajeña. Cada opinión debe ser producto del conjunto de su estudio por su pasado. las personas y personajes que la hayan intervenido y los sucesos que hayan acontecido.

Hemos comenzado este escrito poniéndole un nombre que nos parece el más correcto, para que se entienda que estamos escribiendo historia vegabajeña. La razón es que no hay cómo confundir la nuestra con otras historias. Nuestro gentilicio es único en el mundo y por tiempo histórico y la frecuencia conque hemos usado el término vegabajeño, éste pertenece indudablemente a nosotros.

Esta definición puede variar cuando decidimos lo que es de nuestra historia en particular, pero eso será el producto de cada historiador al señalar el tiempo que debe comprender el haber sido vegabajeño.

¿Cuándo se origina lo puramente vegabajeño? Tenemos nuestras sospechas; anteriormente hemos señalado varios hechos que nos parece que caben dentro de ese espacio de tiempo, pero solo con la prueba valorativa habremos de sostener cuándo y de qué manera comenzó a manifestarse el vegabajeñismo.

No estamos aquí para señalar parámetros por lo que sabemos, sino exhortar al estudio y la búsqueda mediante la investigación sistemática de nuestro pasado. Lo que sí debemos insistir es las influencias que nos formaron.

Lo vegabajeño tiene múltiples características para definirla, pero en realidad hay mucho que nació o se repitió proveniente de otras culturas, además de la puertorriqueña. Para decir de algunas de estas influencias, podemos incluir, porque está más que evidente, la presencia de todos los continentes del mundo, los idiomas, las costumbres y sus culturas.

Y desde luego, el ácido desoxirribonucleico (ADN) nos señala, cuando hacemos consultas para buscar nuestra ascendencia genealógica enviamos la saliva, la mucosidad o un mechón de cabello, que nuestro pasado individual se origina en países y regiones hasta inimaginables por nosotros.

Cuando en el mundo tangible del macrocosmo vamos al microcosmo, tratamos de encontrar los límites de nuestro territorio. A base de la documentación existente, Vega Baja fue parte de la región del Cebuco, llamada también Sebuco, Sibuco o como aparece escrito hoy día, Cibuco. En esta región donde estuvieron los primeros vegabajeños antes de la colonización y que de alguna manera interactuaron con los españoles, incluyendo al Gobernador y Capitán General Juan Ponce de León, a partir de su llegada física.

Antes, sin embargo, hubo otros vegabajeños aborígenes que posiblemente se llamaron de otras maneras sin que el registro histórico los haya alcanzado, quienes dejaron bastante material arqueológico en la costa, el llano y las montañas en lo que conocemos como Vega Baja. Y después de la presencia del español hasta nuestros días hay la existencia de palabras y nombres que perduran en nuestro entorno, pertenecientes a sectores, comunidades , sectores y calles, en la flora y la fauna, con definiciones toponímicas y de otras clases que también han sido incluídas dentro de la historia puertorriqueña y caribeña.

En los siglos siguientes, el visitante y el residente se adaptaron para adelantar su visión de gobernar y de participar en esta gobernación local, pero aun mas, de echar para adelante (o hacia atrás) el desarrollo individual o institucional de la vida que compartieron. El territorio se modificó de acuerdo a la necesidad o fuerza interna de los pobladores también por el interés de la nación que nos regía a cada momento y los sectores comerciales e industriales privados.

Bajo los españoles, de ser parte de San Juan, fuimos parte de Arecibo, Manatí y del binomio La Vega y Las Vegas, compuesto por lo que más tarde constituyeron la división actual de Vega Baja y Vega Alta.

Hasta aquí la parte material de nuestra historia. Pero hay otra historia más importante, que es la que nos llega por la vía cardiaca, por el corazón, que se manifiesta por el sentimiento. Ahí es donde está el resultado de nuestra vivencia.

Tal vez ese sea el punto de partida para investigar los cimienzos de nuestra ideosincracia particular.

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