Del polvo de las estrellas a los cambios del entorno vegabajeño, por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Cualquier historia en el planeta Tierra y aun en el Universo comienza con la formación de sus componentes. Carl Sagan, científico y escritor, hablaba de que nosotros y nuestro entorno, de manera infinita, fuimos creados de «polvo de las estrellas». En eso coincide con los relatos de la creación del mundo por Dios, especialmente cuando en Génesis, Capítulo 2, versículo 7, establece que el ser humano fue hecho del polvo de la tierra y que cuando su misión termine, regresarán sus componentes a su estado original. Así mismo, la Tierra se formó con el poder divino pero con materiales del Universo.

Aunque tampoco hay registro histórico de la formación de la tierra delimitada que habitamos los vegabajeñs y que sabemos que es parte de una unidad que se llama Puerto Rico, es menester ojear la ciencia que nos describe este lugar con el cual nos identificamos. Presumimos que nuestra tierra se originó, como las demás, de una explosión volcánica submarina cuando en nuestro espacio solo existía el agua de mar. La acumulación de magma en nuestro sur creó las montañas con la materia que trajeron los vientos, la arena y los animales, convertida en piedra al desaparecer su humedad ante los rayos del sol y el declive natural de las aguas.

Las aguas fueron desalinizándose naturalmente por la lluvia convirtiéndose en agua potable, evaporándose y por el proceso de purificación y destilación formó la cadena tributaria de manantiales, ríos, que llenaron los espacios de las quebradas, lagunas y reservorios de agua en nuestra región. De la parte norte de Vega Baja sabemos que ha tardado en secarse, por lo que existen los manantiales, caños, la Laguna Tortuguero y los ríos subterráneos que pasan por las cavidades del subsuelo. En su lugar, el mar al norte se ha ido acercando más a la costa por el proceso de las olas en sistemas atmosféricos y marinos.

La naturaleza ha variado con el tiempo causando cambios y el ser humano también ha propiciado su modificación. En el pasado, nuestros habitantes se encontraron con inundaciones. A nuestra propia vista y experiencia, las inundaciones causaban la interrupción de las comunicaciones viales especialmente hacia el este de Puerto Rico. Por la montaña, los derrumbes también impedían el tránsito, por lo que nos quedábamos varados en Vega Baja. La superficie también se ha ha abierto en varias ocasiones, causando hundimientos de propiedades, carreteras y calles.

Aguas infectadas trajeron al menos en dos ocasiones la enfermedad del cólera morbo. Un informe de investigación científica en el Siglo XIX señaló las causas y sus posibles soluciones. También, los vertederos públicos constituyeron una fuente de contaminación terrestre, acuática y aérea en varias instancias en nuestra historia, como cuando el tanquero de petróleo Ocean Eagle causó contaminación en nuestra Playa Puerto Nuevo y el área de Cibuco en 1968.

La naturaleza también nos trae de tiempo en tiempo el alga conocida como sargazo. Esto es propio del Caribe y es un problema que afecta el baño de mar, la pesca y contamina cuando éste se descompone. Se ha hablado y no se hasta qué punto, se puede recoger y utilizarlo como fertilizante.

No olvidemos los eventos de marejadas, como las de Semana Santa y las de «los muertos», entre marzo y abril y las otras en noviembre, cerca del Día de los Muertos el 2 de noviembre de cada año. También nos afecta los tornados, que raramente se presentan pero que han causado daños menores a la propiedad y las tormentas y huracanes, con el problema de los vientos e inundaciones destructivas que han afectado la vida y la propiedad de los vegabajeños.

La naturaleza, es pues, el marco donde se desarrolla la historia vegabajeña. Como sabemos, el continuo cambio y el movimiento en sus distintas manifestaciones son parte de las experiencias de los vegabajeños.

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