Hace unos días atrás, mencionábamos que las inundaciones son una de las calamidades que nos han ocurrido siempre al igual que las marejadas, tormentas, huracanes y de vez en cuando, tornados.
Vega Baja es uno de los lugares donde más cuerpos de agua distintos tiene en Puerto Rico. Es también parte de una costa descendente que toda el agua que cae en la montaña corre por nuestro territorio desplazándose diagonalmente hacia el mar.
Hay áreas como la laguna Chica que durante parte del año desaparece su caudal y luego se vuelve a llenar con las lluvias. En otras áreas, las cuencas se llenan y el excedente continúa su curso hacia otras áreas más bajas.
En documentos del Siglo XIX era común encontrar que en estas situaciones no hubiera paso de y hacia Vega Baja cuando había inundaciones. Pero tampoco había paso por días y hasta por semanas entre el pueblo y sus barrios. Como no se dependía tanto de los productos que se traían de otros lados y nuestros vecinos se alimentaban de su entorno, no había tanta necesidad de que se restaurasen las vias pronto.
Alrededor del barrio Pueblo se inundaba hasta la calle Tulio Otero, que es la primera desde el este, antes llamada Primera Avenida. En lo que se conoce hoy día como Brasilia, el terreno era pantanoso por la frecuencia del agua. El agua detenida junto a materia de deshecho vegetal y animal produjo las crisis del cólera que en aquellos tiempos se dramatizaba con el adjetivo de morbo, para significar la estela que dejaba en los cuerpos desencajados y decolorados que provoca esta enfermedad.
Los muertos se depositaron en las afueras del pueblos, en lo que hoy son inmediaciones del Parque Atlético y casualmente, del Cementerio del Ojo de Agua.
En las décadas de 1960 en adelante, el movimiento de terrenos para hacer las urbanizaciones de Vega Baja causaron varias inundaciones. Parece increíble, pero hasta el Alto de Cuba y la Calle Las Flores sufrieron el paso de aguas en exceso en las casas del lugar.
En Vega Baja, hay inundaciones por varias razones. El agua de lluvia seguirá cayendo, no habrá canalización de las aguas porque eso es una medida descartada desde hace décadas y las marejadas provocarán también inundaciones costeras. La limpieza de los caños será hasta que se acabe el dinero o se dañen los equipos y la culpa los políticos se la echarán como hacen siempre, a la otredad.
Hoy precisamente escuché al alcalde decir que no pudo ocuparse de unos afectados porque estaba trabajando salvando a otros. Y no se le puede culpar, los recursos no son infinitos.
Defendernos de las inundaciones es un asunto individual, como hicieron la noche del viernes los vecinos de Jardines de Vega Baja, independientemente de la propaganda que se hace para que los habitantes se sientan seguros.
Hay lugares que siempre se inundarán, por lo que la solución para no exponer vida y propiedad es buscar otro lugar para vivir. Recordemos que los parchos a veces tardan en llegar y requieren planificación, financiación y ejecución.
En esta parte del mundo, el tiempo para hacer las cosas remediativas es el más laxo del Universo, así que todos debemos contar con el cacharro grande para cuando nos toque defendernos solos, sacar el agua de nuestras casas.

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